Visitación Folgueiras de Loyola murió a los 101 años, tras medio siglo de resistencia ininterrumpida. Su muerte marca un punto de inflexión en la historia de los derechos humanos en Argentina. Fue una de las últimas fundadoras vivas de las Madres de Plaza de Mayo, testigo directo de la dictadura y voz crítica del presente. Su trayectoria une memoria, justicia y resistencia cotidiana.
¿Quién fue Visitación Folgueiras de Loyola?
Visitación nació en Asturias, España, pero su vida se forjó en la periferia industrial de Buenos Aires. Trabajó como obrera textil, se casó con Mario Loyola y tuvo dos hijos. Su hijo mayor, Roberto Mario Loyola, fue secuestrado el 24 de marzo de 1976. Ese día cambió su existencia.
Ella no esperó a que el Estado respondiera. Acudió a comisarías, cuarteles y tribunales. Cuando el silencio fue total, se unió a otras madres en la Plaza de Mayo. Allí, con un pañuelo blanco, comenzó una lucha que duró 50 años.
Su rol en la formación de las Madres
Folgueiras de Loyola no fue una seguidora: fue una articuladora. Participó en las primeras reuniones en la Iglesia de Santa Cruz, espacio clave para la coordinación inicial. Su claridad política y su capacidad de síntesis la convirtieron en referente. Hebe de Bonafini la describía como una mujer de «lucidez inquebrantable» en los peores momentos de la represión.
¿Cómo se vincula su historia con el contexto actual argentino?
Su última aparición pública fue en octubre de 2025, días después de cumplir 101 años. Allí denunció al presidente Javier Milei, llamándolo «este sinvergüenza». Su crítica no era personal: era una advertencia sobre el retroceso en políticas de memoria y justicia.
Hoy, el gobierno nacional recorta presupuestos para la Secretaría de Derechos Humanos, desfinancia centros de documentación y cuestiona sentencias históricas. Folgueiras de Loyola representaba lo opuesto: una ética de persistencia frente al olvido institucional.
El impacto económico de su legado
Su lucha tuvo costos tangibles. Las reparaciones económicas a víctimas del terrorismo de Estado —como las pensiones no contributivas o los programas de salud integral— nacieron de su presión constante. Estos mecanismos beneficiaron a más de 120.000 personas. Su activismo también impulsó el turismo de la memoria: circuitos como el Espacio Memoria y Derechos Humanos generan más de USD 8 millones anuales en la economía porteña.
¿Qué marco legal sustentó su lucha?
Folgueiras de Loyola operó en un vacío legal inicial. Durante la dictadura, no existía el delito de desaparición forzada en el Código Penal argentino. Su persistencia ayudó a que, en 1984, la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) documentara 8.960 casos —cifra que hoy supera los 30.000.
La Ley 24.411 (1994) y la Ley 26.479 (2009), que anuló las leyes de Punto Final y Obediencia, son fruto de su presión. Hoy, el Sistema Integral de Verdad, Justicia y Reparación depende de esos cimientos legales.
Su vínculo con las Abuelas de Plaza de Mayo
Roberto Mario y su novia trabajaban en villas miseria. Allí enseñaban, reparaban instalaciones y construían redes comunitarias. Esa práctica social los marcó como objetivos del régimen. Folgueiras de Loyola entendió que la desaparición no era solo un crimen individual: era un ataque al tejido social. Por eso apoyó desde temprano la búsqueda de nietos apropiados, colaborando con las Abuelas de Plaza de Mayo en identificaciones genéticas.
Datos Clave
- Murió a los 101 años, el 21 de abril de 2026, en Buenos Aires.
- Fue fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, desde las primeras rondas en 1977.
- Su hijo Roberto Mario Loyola desapareció el 24 de marzo de 1976, a los 23 años.
- Participó en las rondas de la Plaza de Mayo hasta octubre de 2025, a pocos días de cumplir 101 años.
- Su testimonio fue clave para la creación del Archivo Nacional de la Memoria y la Ley de Búsqueda de Niños.
- Recibió la Medalla al Mérito de los Derechos Humanos en 2018, otorgada por el Congreso Nacional.
¿Por qué su historia trasciende lo biográfico?
Visitación Folgueiras de Loyola encarna la tridimensionalidad de la memoria: es un referente histórico, un actor económico en la construcción de políticas públicas y un pilar del marco jurídico actual. Su vida cruzó tres épocas: la dictadura, la transición democrática y la actual crisis de autoritarismo disfrazado de liberalismo. Su pañuelo blanco no era un símbolo estático: era una herramienta de denuncia activa, actualizada cada vez que el poder intentaba borrar el pasado. Su legado no se mide en años, sino en leyes vigentes, en identidades recuperadas y en generaciones que siguen preguntando: «¿Dónde están?».
