Alicante no es solo playas y turismo. Detrás de su imagen veraniega hay una economía diversa, especializada y profundamente resiliente. Pero esa realidad apenas trasciende las fronteras provinciales. Miles de pequeñas y medianas empresas —en juguetes, calzado, alfombras, componentes industriales o agroalimentación— sostienen un tejido productivo que se adapta con rapidez a crisis, cambios de demanda o nuevas tecnologías. Y sin embargo, fuera de la provincia, pocos lo saben. Esto afecta a inversores, jóvenes que buscan empleo, emprendedores que necesitan referentes locales y a la propia autoestima económica de los alicantinos.
La resiliencia económica no es solo resistir, es reinventarse
Cuando hablamos de resiliencia económica, no nos referimos solo a aguantar una recesión. Significa tener la capacidad de reconfigurar rápidamente los recursos, cambiar mercados, adoptar nuevas tecnologías o diversificar productos sin perder competitividad. En Alicante, esa capacidad está arraigada en décadas de especialización sectorial. Por ejemplo, las fábricas de juguetes de Ibi no solo exportan a Europa: muchas han integrado impresión 3D y diseño digital para competir con juguetes inteligentes. Las empresas de calzado de Elda han migrado hacia materiales sostenibles y producción bajo demanda. Esa flexibilidad no es casual: es el resultado de una cultura empresarial que valora la adaptación como supervivencia.
¿Por qué esta resiliencia pasa desapercibida?
- Falta de narrativa unificada: no hay un relato claro que conecte sectores distintos bajo una identidad económica común.
- Baja visibilidad institucional: los informes técnicos de Ineca o los datos del INE rara vez se traducen en historias comprensibles para medios nacionales o inversores extranjeros.
- Autopercepción local: muchos alicantinos no se identifican como parte de una economía dinámica, sino como “turísticos por defecto”.
La marca Alicante va más allá del logotipo
Hacer marca Alicante no es diseñar un eslogan o un logo. Es construir una identidad económica creíble y verificable. Francisco Uría, nuevo consejero asesor de Ineca, lo explica con claridad: su primer paso es activar su propio perfil como alicantino, visibilizando su origen en cada intervención pública, entrevista o red social. Pero va más lejos: su rol es ser un altavoz institucional que traduzca los informes técnicos del instituto en mensajes con impacto real. Por ejemplo, convertir un dato sobre la tasa de innovación en pymes alicantinas en una historia sobre cómo una empresa de Elche redujo un 40 % sus emisiones con IA aplicada a la producción de alfombras.
El puente entre datos y percepción
- Ineca genera información rigurosa sobre empleo, exportaciones, I+D o sostenibilidad.
- Uría y otros consejeros asesores actúan como “traductores” entre esa información y los medios, las cámaras de comercio o los fondos europeos.
- El objetivo no es promocionar, sino posicionar Alicante como un caso de estudio de economía regional adaptativa, alineada con los objetivos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) de España.
La diversidad sectorial es una ventaja estratégica
A diferencia de regiones con una sola industria dominante, Alicante cuenta con múltiples clusters productivos interconectados: el textil y el calzado comparten proveedores de química y logística; el agroalimentario de la Vega Baja se beneficia de la innovación en envases desarrollada en la comarca del Vinalopó; el sector juguetero impulsa la formación en diseño industrial en la Universidad de Alicante. Esta diversidad de capacidades económicas empresariales no solo reduce el riesgo sistémico, sino que genera sinergias invisibles pero reales. Y es precisamente esa red de relaciones lo que los informes de Ineca empiezan a cartografiar con detalle.
¿Qué dice el marco normativo?
El Real Decreto-Ley 36/2023, de medidas urgentes para la reindustrialización y el impulso de la economía circular, reconoce explícitamente a las economías regionales con alta especialización productiva como prioridad para la asignación de fondos NextGenerationEU. Alicante cumple ese perfil, pero su acceso depende de su capacidad para demostrar —con datos y narrativas— su potencial de transformación verde y digital.
Lo esencial en 3 puntos
- La resiliencia económica de Alicante se basa en la diversidad sectorial y la capacidad de adaptación rápida, no en la mera supervivencia.
- Hacer marca Alicante requiere traducir datos técnicos en historias creíbles, visibilizando a los actores reales (empresas, emprendedores, instituciones) que impulsan esa economía.
- La falta de narrativa unificada y la baja autoestima económica local son los mayores obstáculos para que Alicante sea reconocido como un referente productivo más allá del turismo.
