Hace medio siglo, Alicante vivió un cambio urbano radical: el Mercado Central abandonó su ubicación histórica en Alfonso el Sabio para trasladarse a Campoamor. La decisión, tomada en pleno municipal extraordinario del 1 de junio de 1976, buscaba modernizar la red de abastos. Pero el proyecto nunca se concretó. Hoy, su análisis revela tensiones entre planificación urbana, demanda ciudadana y viabilidad económica.
¿Por qué se propuso trasladar el Mercado Central a Campoamor?
La propuesta surgió de la Comisión Delegada de Mercados y Mataderos, presidida por Joaquín Berenguer. Se argumentó una situación peliaguda en los mercados municipales: infraestructura obsoleta, falta de espacio y creciente presión demográfica. Campoamor ofrecía solares libres tras la desaparición de las dependencias benéficas de la Diputación. Era una solución aparentemente racional —y políticamente ambiciosa— en plena transición democrática.
El contexto urbano de 1976
Alicante estaba en ebullición: se anunciaba la autovía, se elegía la Bellea del Foc y se debatían infraestructuras emblemáticas como el teleférico o el centro de congresos en Benacantil. El traslado del mercado formaba parte de una ola de proyectos transformadores —muchos de los cuales nunca salieron del papel.
¿Qué implicaba el plan para el barrio de San Blas?
La moción incluía una promesa concreta: «Se prevé adquirir una parcela en el polígono de San Blas para tal fin», es decir, construir un nuevo mercado en uno de los barrios más poblados y desatendidos. Esa promesa se convirtió en un símbolo de desigualdad urbana. Aunque el barrio sigue sin tener mercado propio, la propuesta reflejó una lectura realista de la demanda —y una falla estructural en su ejecución.
La desaparición anunciada del Mercado de Benalúa
El plan también señalaba que el Mercado de Benalúa sería absorbido por el de Babel. Sin embargo, ni Benalúa cerró ni Babel se expandió. Este desfase entre diagnóstico y acción revela una debilidad crónica: la falta de coordinación entre estudios técnicos y capacidad ejecutiva municipal.
¿Qué pasó con el solar de Alfonso el Sabio?
La propuesta más controvertida fue convertir el emplazamiento original del Mercado Central en una plaza con aparcamiento subterráneo. Generó rechazo ciudadano inmediato. El lugar no era solo un espacio comercial: era un nodo de sociabilidad, comercio tradicional y memoria colectiva. La resistencia popular fue clave para detener el proyecto.
El impacto económico del estancamiento
El fracaso del traslado tuvo costes reales. La inversión prevista en Campoamor no se materializó. Tampoco se renovó la infraestructura del Central. El resultado: un mercado que hoy opera con limitaciones físicas y logísticas, mientras la ciudad crece en densidad y diversidad comercial.
¿Qué marco legal y administrativo condicionó el proyecto?
En 1976, la normativa urbanística local carecía de mecanismos de participación ciudadana vinculantes. Las mociones se aprobaban sin estudios de viabilidad técnica ni informes de impacto económico. Además, la propiedad de los solares de Campoamor dependía de la Diputación, lo que añadía capas de burocracia interinstitucional. Sin acuerdos formales ni presupuesto asignado, el proyecto carecía de base jurídica operativa.
Datos Clave
- El traslado se propuso formalmente el 1 de junio de 1976 en un pleno municipal extraordinario.
- La ubicación elegida fue el solar de las antiguas dependencias benéficas de la Diputación en Campoamor.
- Se planeó reconvertir el antiguo emplazamiento en Alfonso el Sabio en una plaza con aparcamiento subterráneo.
- La promesa de un mercado en San Blas nunca se ejecutó, pese a ser una demanda histórica.
- El Mercado de Benalúa no desapareció, ni fue absorbido por el de Babel, como se anunció.
- El proyecto carecía de informe de viabilidad económica y de acuerdo previo con la Diputación.
La historia del traslado fallido del Mercado Central no es solo un episodio local. Es un caso de estudio sobre cómo las decisiones urbanas requieren tridimensionalidad: contexto social realista, viabilidad económica comprobada y marco legal ejecutable. Sin esos tres pilares, hasta las ideas más revolucionarias se quedan en el papel.
