La Sala Costa Blanca, ubicada en el aeropuerto Alicante-Elche (Miguel Hernández), es una de las más dinámicas de España. En 2025 recibió 265.000 usuarios. En los primeros seis meses de 2026, ya superó los 150.500 —un 26 % más que en 2025—. Su crecimiento refleja cambios profundos en el consumo turístico, la digitalización financiera y la regulación aeroportuaria.
¿Quién puede acceder a la sala VIP de Alicante?
Cualquier pasajero con vuelo operativo en el aeropuerto puede usar la Sala Costa Blanca, sin importar su aerolínea ni clase de billete. No se requiere vuelo en primera clase ni estatus corporativo. El acceso se gestiona mediante tres vías principales.
Agregadores: el canal dominante
El 80 % de los usuarios entra mediante agregadores. Son plataformas o entidades que compran acceso en bloque y lo redistribuyen. Incluyen neobancos como Revolut, que otorgan hasta cuatro entradas anuales con ciertas tarjetas. También figuran programas de fidelización de seguros, operadores turísticos y asociaciones profesionales.
Aerolíneas y programas de viajero frecuente
Solo el 10 % accede directamente por su compañía aérea. Algunas ofrecen embarque prioritario o acceso incluido en tarifas premium. Otras lo comercializan como up-sell en el momento de la reserva. Las aerolíneas no gestionan la sala, pero sí firman acuerdos con Esatur, el operador designado por Aena.
Tarjetas de crédito y programas propios
El restante 10 % entra con tarjetas premium (Visa Infinite, Mastercard World Elite) o mediante suscripciones directas a la sala. Estas últimas se gestionan vía web o app, con precios desde 32 € por uso o 299 € anuales.
¿Qué hace única a la sala VIP de Alicante?
La Sala Costa Blanca es pionera en varios aspectos. Fue la primera sala VIP en España con barra de cócteles. También incorpora tecnología de autocheck-in y zonas de trabajo con conexión 5G. Su diseño prioriza la funcionalidad sobre el lujo ostentoso, alineado con el perfil del viajero español medio: turista, no ejecutivo.
Impacto económico real
Aunque representa menos del 1 % del tráfico total del aeropuerto (más de 14 millones de pasajeros anuales), la sala genera ingresos recurrentes para Aena y Esatur. Su margen operativo supera el 35 %, gracias a la baja inversión en infraestructura y alta rotación de usuarios. Además, actúa como barómetro turístico: el aumento del 26 % en 2026 coincide con el repunte del turismo británico y nórdico en la Costa Blanca.
Marco legal y regulación
La sala opera bajo el régimen de concesión administrativa de Aena. No es un servicio exclusivo, sino un espacio complementario regulado por el Real Decreto 1073/2022 sobre servicios aeroportuarios no esenciales. Su tarifa debe ser pública, no discriminatoria y compatible con la libre prestación de servicios en la UE. Esto explica por qué los agregadores están autorizados: no violan la competencia, sino que amplían el acceso.
¿Cuál es el perfil real de los usuarios?
Lejos del estereotipo del ejecutivo, el usuario típico es un viajero de ocio entre 32 y 54 años, con ingresos medios-altos y alta alfabetización digital. El 68 % accede vía móvil, el 22 % con tarjeta física y el 10 % mediante voucher impreso. El 41 % viaja solo; el 37 %, en pareja; y el 22 %, en grupo familiar. No hay predominio de nacionalidades: británicos, alemanes, escandinavos y españoles lideran el ranking.
Datos Clave
- La sala registró 150.500 usuarios en H1 2026, +26 % interanual.
- El 80 % de los accesos provienen de agregadores, no de aerolíneas.
- Es la primera sala VIP en España con barra de cócteles.
- Opera bajo concesión de Aena, regulada por el Real Decreto 1073/2022.
- Su facturación contribuye al 1,2 % de los ingresos no aeronáuticos del aeropuerto.
¿Qué implica este modelo para el futuro del sector?
La expansión de los agregadores redefine la exclusividad. Ya no es un privilegio, sino un servicio escalable. Los neobancos y las fintechs están presionando para integrar el acceso VIP en sus apps como un beneficio transaccional. Esto obliga a Aena a revisar sus modelos de concesión y a los operadores a innovar en experiencia, no solo en infraestructura. El reto: mantener la calidad con mayor volumen, sin perder el equilibrio entre rentabilidad y accesibilidad.
