Los licores en España enfrentan su peor ciclo en una década: tres años consecutivos de caída en volumen, con una reducción del 3,8 % que sitúa la comercialización en 173 millones de litros. Este retroceso no es solo numérico: refleja una transformación profunda en los hábitos de consumo, la oferta de ocio y la percepción social del alcohol. La inflación —con subidas de precios del 20 % al 30 % en cinco años— agrava la presión sobre productores, distribuidores y hostelería.
¿Por qué los licores registran su peor desempeño en 10 años?
La caída no responde a un solo factor, sino a una convergencia estructural. El consumidor actual bebe con menos frecuencia, pero con mayor intención y exigencia. Esto desplaza el consumo masivo hacia productos premium, artesanales o con trazabilidad certificada. Al mismo tiempo, la regulación sanitaria y las campañas de concienciación sobre salud pública han modificado los patrones de consumo entre jóvenes y adultos.
El impacto de la inflación en la cadena de valor
Los costes de materias primas, logística y energía han escalado sin margen de absorción para muchas pymes. Los licores artesanales, que representan más del 40 % del tejido productivo, carecen de escala para negociar precios con proveedores clave. Esto reduce su margen y limita su capacidad de inversión en innovación o certificaciones.
¿Qué papel juega la hostelería en la crisis de los licores?
La hostelería sigue siendo el canal dominante: en 2025 concentró el 58,6 % del volumen comercializado, frente al 41,4 % del canal de alimentación. Sin embargo, su rol ha evolucionado. Ya no es solo un punto de venta, sino un espacio de experiencia y storytelling. Los bares y restaurantes que integran licores locales en cócteles de autor o en maridajes gourmet están generando valor añadido que los supermercados no replican.
La brecha entre distribución tradicional y canales especializados
Mientras los grandes operadores priorizan marcas consolidadas y márgenes estables, las tiendas especializadas, e-commerce de bebidas y marketplaces gourmet están impulsando el crecimiento de marcas pequeñas. Estos canales representan menos del 12 % del volumen total, pero su tasa de crecimiento supera el 15 % anual.
¿Puede la internacionalización revertir la caída del sector?
Sí, pero con condiciones. El informe de Espirituosos España señala que las exportaciones crecieron un 7,2 % en 2025, lideradas por licores con denominación de origen y productos con sello de sostenibilidad. Mercados como Estados Unidos, Canadá y Japón valoran la autenticidad, la historia y la elaboración artesanal —atributos que España posee en abundancia.
Los obstáculos legales y logísticos
Acceder a mercados externos exige cumplir normativas sanitarias, etiquetado multilingüe, certificaciones de origen y acuerdos de doble imposición. Muchas pymes carecen de asesoramiento jurídico especializado en comercio exterior, lo que frena su expansión.
¿Qué dice el marco legal actual sobre los licores en España?
La Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición y el Real Decreto 120/2017 regulan la producción, etiquetado y comercialización de bebidas espirituosas. Desde 2023, se exige indicar el contenido energético y el porcentaje de alcohol en etiquetas de forma visible. Además, la nueva Estrategia Nacional de Alcoholes (2024–2030) impulsa la reducción del consumo nocivo, lo que obliga al sector a redefinir su comunicación sin estigmatizar su producto.
Datos Clave
- La comercialización de licores cayó un 3,8 % en 2025: 173 millones de litros.
- La inflación acumulada en precios alcanzó entre el 20 % y el 30 % en cinco años.
- La hostelería representa el 58,6 % del volumen comercializado, pero su margen por unidad ha disminuido un 9 %.
- Las exportaciones crecieron un 7,2 %, con mayor demanda de productos con denominación de origen y sostenibilidad certificada.
- El 82 % de las empresas del sector son pymes, y menos del 15 % cuenta con departamento de comercio exterior.
La tridimensionalidad del problema es clara: desde el contexto social —menos consumo, más calidad— hasta el impacto económico —inflación, márgenes ajustados— y el marco legal —etiquetado obligatorio, estrategias nacionales de salud pública—. La recuperación no depende de vender más, sino de vender mejor: con identidad, transparencia y adaptación regulatoria. La internacionalización no es una alternativa, sino una necesidad estratégica para garantizar la supervivencia del sector.
