La A-70 no es solo una autovía más: es el corazón circulatorio de Alicante. Cada día, decenas de miles de conductores la usan para entrar, salir o atravesar la ciudad. Cuando se produce un accidente en zonas críticas como El Bacarot, las consecuencias se extienden mucho más allá del lugar del siniestro: generan retenciones de hasta tres kilómetros, retrasan desplazamientos laborales y escolares, y ponen en riesgo la seguridad vial de todos los usuarios. Este problema no es aislado: ya van dos accidentes en un solo día en el mismo tramo, lo que revela una realidad estructural que afecta directamente al ciudadano común.
La A-70 es la circunvalación funcional de Alicante
No es una autovía de largo recorrido, sino una vía de conexión metropolitana esencial. Une Murcia y Elche con Sant Joan d’Alacant, El Campello y las carreteras del norte de la provincia. Por eso, su tráfico es mixto: vehículos pesados, turismos, motocicletas y transporte público comparten carriles con alta frecuencia. Su diseño original no contempló el crecimiento demográfico y económico de la comarca, lo que explica su saturación crónica.
El tramo de El Bacarot es un punto crítico conocido
El kilómetro 22 —y sus alrededores— concentra una alta densidad de movimientos: entrada y salida de la capital, cambios de carril frecuentes y convergencia de tráfico desde la A-7 y la AP-7. Además, carece de arcenes suficientes y su señalización horizontal está desgastada en varios sectores. Estas condiciones, sumadas a la velocidad media elevada, multiplican el riesgo de alcances, como los registrados este viernes.
Los accidentes en la A-70 no son aislados: responden a un patrón creciente
Según datos oficiales de la Dirección General de Tráfico (DGT), el tramo entre los kilómetros 21 y 26 de la A-70 registra más de 100 incidencias al año, con una media de dos siniestros con heridos por semana. Esto no es casualidad: es el resultado de la combinación entre alta intensidad de tráfico (más de 55.000 vehículos diarios), infraestructura envejecida y falta de inversión en sistemas inteligentes de gestión del tráfico, como paneles informativos dinámicos o carriles adaptativos.
La normativa exige mejora, pero la ejecución va a la zaga
El Plan Estratégico de Infraestructuras de Transporte (PEIT) 2021–2030 incluye la A-70 en su lista de vías prioritarias para modernización. Sin embargo, hasta la fecha no se ha ejecutado ninguna actuación integral en El Bacarot. La Ley de Seguridad Vial exige que las vías con más de 40.000 vehículos diarios cuenten con sistemas de detección automática de incidencias, pero la A-70 aún depende de avisos ciudadanos y patrullas presenciales.
Los conductores son los primeros afectados, pero también tienen herramientas prácticas
No se trata solo de esperar a que las administraciones actúen. El ciudadano puede anticiparse: usar aplicaciones oficiales como DGT-i o Google Maps, que integran datos en tiempo real de cámaras y patrullas; evitar horarios pico (entre 7:30 y 9:30 y de 18:00 a 20:00) si el desplazamiento no es urgente; y conocer las alternativas reales, como la N-332 o la CV-80, aunque requieran más tiempo, suelen ser más predecibles.
Cómo identificar zonas de riesgo antes de conducir
- Revisa el estado del tráfico 15 minutos antes de salir, no al arrancar el coche.
- Presta atención a los puntos kilométricos críticos: el 22, el 24 y el 25.5 son los más conflictivos según el informe anual de la Jefatura Provincial de Tráfico de Alicante.
- Si ves retenciones en tiempo real, activa el modo “evitar peajes y carreteras con tráfico” en tu navegador: muchas veces redirige por vías secundarias con menor riesgo de colisión.
Lo esencial en 3 puntos
- La A-70 es una vía metropolitana sobrecargada, no una autovía interurbana: su diseño no responde a la demanda real de movilidad en el área de Alicante.
- El tramo de El Bacarot (km 22–26) es un foco recurrente de siniestralidad por su alta densidad de tráfico, falta de arcenes y señalización deficiente.
- Los ciudadanos pueden reducir su exposición al riesgo usando herramientas digitales oficiales, ajustando horarios y conociendo rutas alternativas validadas por la DGT.
El problema no es solo técnico ni circunstancial: es una cuestión de planificación urbana y seguridad pública. Mientras no se renueve la infraestructura, la responsabilidad compartida —entre administraciones y conductores— sigue siendo la única defensa real contra los atascos y los accidentes.
