La guerra entre EEUU, Israel e Irán, ya en su día 80, está alterando los fundamentos de la estabilidad macroeconómica global. Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de Pagos Internacionales (BIS) y ex gobernador del Banco de España, advierte que este conflicto está erosionando la capacidad de los bancos centrales para controlar la inflación. El choque en el suministro de petróleo y gas natural, junto con la volatilidad fiscal y monetaria, está forzando revisiones urgentes en las estrategias de política monetaria.
¿Cómo afecta el conflicto a las expectativas de inflación?
Hernández de Cos subraya que las expectativas de inflación son el termómetro más sensible ante crisis geopolíticas. Cuando los agentes económicos anticipan precios más altos de forma sostenida, ajustan salarios, contratos y precios. Eso genera inercia inflacionaria difícil de revertir.
Este fenómeno ya se observa en mercados emergentes y en la zona euro. La desanclaje de expectativas obliga a los bancos centrales a actuar con mayor contundencia —y a menudo con retraso— lo que eleva el riesgo de recesión técnica.
El rol del BIS como coordinador global
El BIS no fija tasas, pero sí establece estándares de supervisión bancaria y facilita la cooperación entre autoridades. Hernández de Cos lidera desde 2019 el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, lo que le otorga influencia directa en la resiliencia del sistema financiero ante shocks externos.
¿Por qué la política fiscal agrava el riesgo inflacionario?
Cuando los gobiernos responden a crisis con estímulos fiscales amplios —como subsidios energéticos o gastos militares incrementales—, la demanda agregada se dispara sin un aumento equivalente de la oferta. Eso presiona los precios.
Hernández de Cos advierte que, si ese estímulo se vuelve persistente, los bancos centrales pierden margen de maniobra. La política fiscal y la política monetaria entran en conflicto, debilitando la credibilidad institucional.
La tensión entre estabilidad y crecimiento
En la zona euro, el BCE enfrenta una paradoja: subir tipos frena la inflación pero frena también la inversión. Bajarlos estimula el crecimiento pero alimenta presiones de precios. El conflicto en Oriente Medio ha reducido el margen de error en esta ecuación.
¿Qué papel juega el suministro energético en la inflación global?
El petróleo y el gas natural siguen siendo bienes estratégicos con escasa elasticidad de oferta a corto plazo. La interrupción de rutas marítimas, el cierre de refinerías o las sanciones a exportadores afectan directamente los costes de producción y transporte.
Esto no solo eleva los precios al consumidor, sino que también impulsa los costes de producción en sectores clave: logística, manufactura y agricultura. El efecto es multiplicador y se traslada a índices como el IPC y el IPC armonizado (HICP).
La cadena de transmisión inflacionaria
- Interrupción en el suministro energético → aumento de costes de producción → subida de precios al consumidor → revisión al alza de expectativas inflacionarias → presión sobre bancos centrales para subir tipos.
- Cada eslabón refuerza el siguiente, creando un ciclo autorreforzante difícil de romper sin intervención coordinada.
¿Qué implica esto para el futuro del BCE y la gobernanza financiera?
Hernández de Cos figura como uno de los principales candidatos para suceder a Christine Lagarde. Su experiencia en Basilea, su liderazgo en el BIS y su conocimiento del marco regulatorio europeo lo posicionan como un perfil técnico y transnacional. Sin embargo, su silencio sobre la sucesión refleja la sensibilidad política del momento.
La gobernanza financiera global ya no depende solo de modelos econométricos. Ahora exige lectura geopolítica, capacidad de anticipación regulatoria y coordinación fiscal-moneteria realista.
Datos Clave
- La guerra en Oriente Medio lleva 80 días y ha alterado rutas clave de suministro energético.
- El Banco de Pagos Internacionales (BIS) coordina estándares de supervisión bancaria en más de 60 países.
- Hernández de Cos preside el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea desde 2019.
- Una desviación sostenida de las expectativas de inflación justifica un endurecimiento de la política monetaria, según su análisis.
- El BCE enfrenta una tensión creciente entre contener la inflación y evitar una desaceleración brusca del crecimiento.
¿Cuál es el marco legal y práctico que regula esta respuesta?
El Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE) establece la independencia del BCE y su mandato primario: mantener la estabilidad de precios. Pero no contempla escenarios de crisis geopolítica prolongada. La práctica regulatoria actual se basa en protocolos de emergencia del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) y en directrices del Consejo de Riesgo Sistémico (ESRB). Estos marcos carecen de mecanismos automáticos para ajustar tasas ante shocks externos, lo que obliga a decisiones discrecionales con alto riesgo de sesgo temporal.
La tridimensionalidad del problema es clara: el contexto actual exige lectura geopolítica; su impacto económico se mide en tasas de inflación y crecimiento; y su marco práctico revela lagunas legales en la gobernanza financiera ante crisis complejas.
