Un hombre condenado por asesinar a su exnovia en Torremolinos ha reconocido por primera vez que también mató y emparedó a otra expareja ocho años antes. El caso revela fallos en la detección temprana de violencia de género reiterada, expone riesgos legales en la investigación de cadáveres ocultos y genera impacto económico en los costes judiciales y de seguridad pública.
¿Qué ha reconocido Marco R. sobre el asesinato de Sibora Gagani?
Marco R., de 48 años y nacionalidad italiana, admitió durante la fase de defensa que mató a Sibora Gagani, de 22 años, en 2014. Lo hizo en el domicilio que compartían en Torremolinos. También reconoció que ocultó el cadáver mediante el método de emparedado, técnica que implica sellar el cuerpo entre capas de hormigón o yeso.
Antes de este reconocimiento, siempre negó haberla asesinado. Afirmaba que la Policía le había “vendido” y que su versión era “más compleja”. Los investigadores y la Fiscalía nunca la creyeron.
¿Por qué se juzga ahora este caso con jurado popular?
El procedimiento contra Marco R. por la muerte de Sibora se tramita ante un jurado popular, distinto del proceso seguido por la muerte de Paula en 2023. Esta diferencia responde a la naturaleza del delito: el primero se califica como asesinato con alevosía y violencia de género con agravante de parentesco, mientras que el segundo ya concluyó con sentencia firme de 24 años.
La Fiscalía solicita 22 años de prisión. El uso del jurado refleja la gravedad del hecho y la necesidad de evaluar la intención dolosa, la premeditación y el abuso de confianza.
¿Qué implica legalmente el reconocimiento tardío de un asesinato?
El reconocimiento no reduce la pena. Al contrario: su negativa inicial durante nueve años obstaculizó la investigación. Eso agrava su responsabilidad. El Código Penal español contempla la atenuante de confesión espontánea, pero solo si ocurre antes de que exista prueba contundente. Aquí, la confesión llegó tras años de negación y tras la consolidación de indicios técnicos y forenses.
Además, el hecho de que el cadáver estuviera emparedado implica un delito adicional contra la integridad moral y la dignidad del fallecido, sancionado en el artículo 174 del Código Penal.
¿Cómo afecta este caso al sistema de protección frente a la violencia de género?
- El caso evidencia una falla estructural: Sibora no estaba incluida en registros de alerta pese a haber denunciado malos tratos previos.
- No se activó el Protocolo VioGén en 2014, lo que impidió vincular ambos crímenes temprano.
- La Fiscalía subraya que Marco R. actuó con patrón repetitivo de control y eliminación, típico de agresores con trastorno antisocial y falta de empatía.
¿Qué rol juega la técnica del emparedado en la investigación forense?
- El emparedado dificulta la descomposición y la detección por perros especializados.
- Requiere análisis de microfisuras, gases residuales y muestras de polvo para confirmar la presencia de restos humanos.
- En Torremolinos, los forenses usaron georradar y termografía para localizar el cuerpo en 2025, tras una denuncia anónima.
Datos Clave
- Marco R. fue condenado a 24 años por matar a Paula en 2023.
- Reconoció en 2026 haber matado a Sibora Gagani en 2014.
- El cadáver fue hallado tras 11 años de ocultación mediante emparedado.
- La Fiscalía pide 22 años por asesinato con alevosía y violencia de género.
- El juicio se celebrará ante jurado popular, no ante juez único.
- El caso activó una revisión del Protocolo VioGén en Málaga para incluir víctimas históricas no registradas.
La tridimensionalidad del caso trasciende lo judicial: su contexto actual revela brechas en la prevención de violencia machista reiterada, su impacto económico se refleja en los costes forenses y judiciales prolongados, y su marco legal exige una actualización urgente de los protocolos de vinculación entre denuncias antiguas y nuevas víctimas. La técnica del emparedado, aunque infrecuente, exige formación especializada en cuerpos policiales y fiscales. La repetición de patrones en agresores exige sistemas de alerta cruzada entre provincias y nacionalidades.
