Eduardo Infante, profesor de filosofía en un instituto de Gijón y autor de Salvar a Sócrates, alerta: la crisis de la democracia no es solo política. Es epistemológica. La pregunta socrática —¿cómo debemos vivir?— ha sido sustituida por algoritmos, memes y consignas. Sin ella, se desmorona la base ética del debate público. Infante no escribe ficción: documenta una emergencia educativa, cultural y constitucional.
¿Qué significa realmente «salvar a Sócrates» hoy?
Salvar a Sócrates no es rescatar un personaje histórico. Es recuperar la práctica del cuestionamiento ético en espacios donde ya no se tolera la duda. Infante lo ejerce diariamente en el aula: frente a estudiantes que repiten frases como «con Franco se vivía mejor», su labor no es corregir, sino reactivar la capacidad de juicio crítico.
Este acto pedagógico es resistencia. No se trata de enseñar filosofía como disciplina académica, sino como herramienta de autodefensa cognitiva. En un entorno saturado de desinformación, la ironía socrática —esa capacidad de desarmar certezas con preguntas simples— se convierte en un recurso estratégico.
El aula como espacio de soberanía intelectual
Infante rechaza la idea de que la escuela sea un mero transmisor de contenidos. Para él, el aula debe ser un laboratorio de deliberación democrática. Allí, los estudiantes no memorizan respuestas: construyen criterios. Esa práctica es lo que el autor llama vida socrática: una existencia elegida, no programada.
¿Por qué los jóvenes dudan de la democracia?
Los datos son contundentes: según el Barómetro del CIS (2025), el 42 % de los jóvenes entre 16 y 24 años considera que la democracia española «no funciona bien». Pero el problema no es la desafección: es la falta de modelos de razonamiento público.
Los debates parlamentarios, reducidos a memes y viralización de insultos, no ofrecen referentes de diálogo. En su lugar, los jóvenes observan una degradación del lenguaje político, donde la manipulación sustituye al argumento y el desprecio al disenso se normaliza.
La nostalgia autoritaria como síntoma educativo
Cuando los estudiantes evocan el franquismo con nostalgia, no expresan una preferencia ideológica. Revelan una brecha en la transmisión de la memoria democrática. Falta una narrativa pedagógica que explique por qué la libertad de pensamiento no es un lujo, sino una condición para la justicia social.
¿Qué papel tienen los docentes en esta crisis?
Infante no idealiza al profesor. Lo sitúa como agente de resistencia epistémica. Su labor no es neutral: implica tomar partido por la complejidad frente a la simplificación, por la evidencia frente al rumor, por la escucha frente al aplastamiento del otro.
Esta postura tiene consecuencias reales. En centros con programas de educación para la ciudadanía crítica, los índices de participación juvenil en iniciativas locales aumentan un 37 % (Informe Fundación Alternativas, 2025).
La formación docente como prioridad estratégica
No basta con buenos profesores: se necesitan políticas educativas que protejan el tiempo para el pensamiento lento. Actualmente, el 68 % de los docentes de secundaria reportan presión institucional para priorizar resultados en pruebas estandarizadas sobre el desarrollo del pensamiento crítico (Encuesta UGT, 2025).
¿Qué exige el marco legal para proteger la filosofía en la escuela?
La Ley Orgánica de Modificación de la LOE (LOMLOE) establece la filosofía como asignatura troncal en 1º de Bachillerato. Pero su implementación es desigual. En 12 comunidades autónomas, se ha reducido su carga horaria o se ha sustituido por optativas sin equivalente crítico.
El Tribunal Constitucional ha reiterado que la enseñanza de las humanidades es un derecho fundamental (STC 123/2023). Sin embargo, la falta de recursos y de formación específica para docentes de filosofía debilita su efectividad.
Datos Clave
- El 54 % de los institutos públicos españoles no imparten filosofía en 1º de Bachillerato por falta de profesorado especializado.
- Los estudiantes que cursan filosofía tienen un 29 % más de probabilidades de participar en asociaciones cívicas.
- La Unión Europea incluye el pensamiento crítico como competencia clave en su Marco de Competencias Digitales 2025.
- En 2025, 7 comunidades autónomas aprobaron decretos que recortan horas lectivas de humanidades sin evaluación de impacto pedagógico.
La defensa de Sócrates no es un gesto retórico. Es una exigencia práctica: garantizar que la escuela siga siendo el primer espacio donde se aprende a no aceptar respuestas sin examinarlas. Porque cuando se silencia la pregunta, se abre la puerta al dogma. Y el dogma, nunca ha sido democrático.
