El obispo de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla, pronunció una homilía contundente en la Entrada de la Peregrina al Monasterio de la Santa Faz el 16 de abril de 2026. Su discurso unió denuncia ética, llamado a la responsabilidad personal y advertencia sobre el colapso moral de las sociedades contemporáneas. No fue un acto litúrgico aislado: fue un punto de inflexión en el debate público sobre paz, justicia y dignidad humana.
¿Qué dijo Munilla sobre la guerra y la paz?
Munilla citó directamente al Papa León XIV, reforzando su rechazo a la escalada bélica global. Usó frases contundentes: “Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero” y “basta ya de la exhibición de fuerza”. Estas palabras no apuntan solo a Estados o ejércitos. Se dirigen a estructuras económicas, medios de comunicación y culturas del individualismo extremo.
La paz, según el obispo, no nace del equilibrio de poderes. Nace de la verdad, el perdón y la reconciliación. Esa es la paz que construye comunidades, no tratados firmados en salones dorados.
La paz como práctica cotidiana
Munilla rechazó la postura pasiva. No basta con condenar la guerra. Cada persona debe ser constructor de paz. Eso implica actos concretos: pedir perdón en la familia, escuchar sin juzgar, detener rumores, defender al excluido. La paz no es un estado. Es una práctica diaria.
¿Por qué vinculó el aborto con la paz?
El obispo usó la frase de Madre Teresa de Calcuta: “El mayor destructor de la paz es el aborto”. No lo hizo como un eslogan, sino como una advertencia ética. Su argumento es tridimensional:
- Contexto actual: Aumento de leyes que despenalizan el aborto en Europa y América Latina.
- Impacto económico: La desvalorización de la vida humana debilita los sistemas de protección social, salud pública y educación temprana.
- Marco legal y práctico: Cuando la ley excluye a los más vulnerables, se erosiona el fundamento del Estado de derecho. La justicia no puede ser selectiva.
Munilla planteó una pregunta incómoda: “Si es posible matar a un niño en el seno materno, ¿qué nos impide matarnos unos a otros?”. Es una crítica al relativismo ético que normaliza la violencia contra los indefensos.
¿Qué significa la “encrucijada moral” que mencionó?
La encrucijada moral no es una metáfora. Es una realidad observable. En ella chocan dos fuerzas:
- Una ética que ilumina la política: basada en la dignidad humana, el bien común y la verdad objetiva.
- Una política que pisotea la ética: guiada por intereses electorales, presión mediática o lobbies económicos.
Munilla advirtió: “No permite neutralidades cómodas”. Eso implica que el silencio ante la injusticia es una forma de complicidad. La fe no es privada. Es una fuente de compromiso público.
Datos Clave
- El obispo José Ignacio Munilla presidió la misa en el Monasterio de la Santa Faz, en Alicante.
- La homilía se celebró el 16 de abril de 2026, con presencia de autoridades como el presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca.
- Munilla citó al Papa León XIV, a Madre Teresa de Calcuta, y reafirmó la doctrina católica sobre la inviolabilidad de la vida humana.
- El discurso vinculó guerra, aborto, individualismo y ética pública como síntomas de una misma crisis.
- La plaza de la Santa Faz registró una alta afluencia, con fieles usando paraguas y gorros para protegerse del sol intenso.
¿Cómo se relaciona esto con la responsabilidad ciudadana hoy?
La homilía no es un documento histórico. Es una guía de acción. En un contexto de polarización mediática y desconfianza institucional, el llamado a la coherencia personal, la reconciliación familiar y la defensa de los vulnerables adquiere urgencia. No se trata de imponer creencias. Se trata de recuperar el lenguaje de la dignidad como base de toda convivencia.
La Santa Faz 2026 no fue solo un acto religioso. Fue un recordatorio: la paz no se declara. Se construye, se defiende y se protege —en el parlamento, en la escuela, en la casa y en el útero.
