La historia del fútbol en Alicante no se puede contar sin mencionar a Basilio Patiño, un hombre que dejó una huella imborrable en el deporte local. Nacido en La Alberca de Záncara, Cuenca, en 1946, Patiño se convirtió en un referente tanto como jugador como directivo, siendo parte fundamental del crecimiento del fútbol en la región durante las décadas de los 70 y 80. Su trayectoria es un testimonio de dedicación y amor por el deporte, que ha influido en generaciones de futbolistas y aficionados.
### Los inicios de una carrera prometedora
Desde sus primeros pasos en el fútbol, Basilio Patiño mostró un talento excepcional. Criado en el barrio de San Marcelino en Valencia, comenzó su carrera como extremo derecho en el Alginet, donde rápidamente destacó por su habilidad y velocidad. Su talento no pasó desapercibido y pronto se unió al Hércules, aunque su etapa en el club fue breve, ya que fue cedido al Alicante, donde tuvo la oportunidad de foguearse y demostrar su valía.
Durante su tiempo en el Hércules, Patiño tuvo la oportunidad de jugar en diferentes categorías, incluyendo Segunda y Tercera División. Sin embargo, su amor por el Alicante lo llevó a regresar al club que lo vio crecer. En Alicante, no solo se destacó como jugador, sino que también comenzó a forjar su futuro como entrenador y directivo. Su capacidad para leer el juego y su conocimiento del deporte lo hicieron destacar en múltiples roles dentro del club.
A mediados de los años 70, Patiño dejó una marca significativa en el Villena, donde logró un ascenso memorable. Este éxito no solo consolidó su reputación como jugador, sino que también le abrió las puertas a una carrera como entrenador, donde continuó contribuyendo al desarrollo del fútbol en la región. Su compromiso con el deporte lo llevó a estudiar para convertirse en ATS, lo que le permitió combinar su pasión por el fútbol con una carrera profesional en el ámbito de la salud.
### Un directivo visionario
La carrera de Basilio Patiño como directivo comenzó en un momento crítico para el Alicante. En la temporada 1997-1998, el club enfrentaba un descenso a Preferente, y fue en este contexto donde Patiño asumió el cargo de director deportivo. Su visión y liderazgo fueron cruciales para la resurrección del club. A pesar de los desafíos, logró formar un equipo competitivo y motivado, que no solo luchó por el ascenso, sino que también sentó las bases para un futuro prometedor.
Uno de los momentos más destacados de su carrera como directivo fue la contratación de Pepe Bordalás como entrenador. Bordalás, un joven con mucho potencial, se convirtió en el técnico con más partidos en la historia del club, llevando al Alicante a nuevas alturas. Bajo la dirección de Patiño y Bordalás, el club experimentó un renacimiento, convirtiéndose en un referente en el fútbol alicantino.
La gestión de Patiño se caracterizó por su enfoque en el desarrollo de talentos locales y su capacidad para crear un ambiente de trabajo positivo. Su trato afable y su habilidad para conectar con jugadores y aficionados hicieron de él una figura querida en el club. A lo largo de los años, su influencia se extendió más allá del campo, convirtiéndose en un pilar de la comunidad futbolística de Alicante.
### Un legado perdurable
La vida de Basilio Patiño estuvo marcada por su dedicación al fútbol, pero también por su lucha personal contra el alzhéimer, una enfermedad que finalmente lo llevó a su partida el 31 de diciembre de 2025. Su muerte dejó un vacío en el corazón de muchos, no solo por su contribución al deporte, sino también por la persona amable y generosa que fue. Su legado perdura en cada rincón del fútbol alicantino, donde su nombre es sinónimo de pasión y compromiso.
El velatorio de Patiño se llevó a cabo en el tanatorio La Siempreviva, donde amigos, familiares y aficionados se reunieron para rendir homenaje a un verdadero ícono del fútbol. Su historia es un recordatorio de que el deporte va más allá de los resultados; se trata de las conexiones humanas, la comunidad y el amor por lo que se hace.
Basilio Patiño no solo fue un jugador y un directivo; fue un bastión del mejor Alicante, un símbolo de lo que significa luchar por los sueños y dejar una huella en la vida de los demás. Su legado seguirá inspirando a futuras generaciones de futbolistas y aficionados, recordándonos que el verdadero espíritu del deporte reside en la pasión, la dedicación y el amor por el juego.