El 27 de julio de 2026, el centro histórico de Valencia volvió a escuchar un sonido casi olvidado: el clamoreig, el toque de campanas que antaño anunciaba la muerte de un rey. No era una recreación turística, sino un acto de memoria colectiva con raíces profundas en la identidad valenciana. Este homenaje, realizado exactamente 750 años después de la muerte de Jaume I, no solo conmemoró al fundador del Reino de Valencia, sino que reactivó una tradición viva, reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
El clamoreig no es solo un toque de campanas, es un lenguaje sonoro de la historia
El clamoreig es un rito acústico medieval que se ejecutaba exclusivamente en momentos de máxima relevancia institucional y espiritual: la muerte de un monarca, un papa, un arzobispo o una reina. En la Catedral de Valencia, nueve de las once campanas litúrgicas del Miguelete sonaron de forma manual, siguiendo una secuencia precisa documentada desde la Consueta de 1527 —un libro de normas litúrgicas que regía la vida religiosa y cívica de la ciudad.
Este toque no es aleatorio ni decorativo. Cada campana, cada pausa y cada repetición transmite jerarquía, duelo y continuidad. Su ejecución hoy no busca evocar el luto del siglo XIII, sino reconectar con una forma de narrar la historia a través del sonido, una práctica que desapareció de la vida cotidiana pero nunca se perdió del todo: los campaneros la conservaron oralmente y en manuscritos.
¿Quiénes lo tocan y cómo se mantiene viva esta tradición?
El Gremi de Campaners de la Catedral de València, una asociación con más de 600 años de historia, es la custodia viva del clamoreig. Sus miembros no son músicos profesionales, sino vecinos, maestros, jubilados y artesanos que aprenden el toque de forma oral y práctica, generación tras generación. Su labor está amparada por la Ley 4/2022 de Patrimonio Cultural Valenciano, que reconoce y protege las expresiones inmateriales como parte del derecho a la memoria colectiva.
Jaume I no es un héroe de leyenda, sino un fundador con contradicciones reales
Durante la misa en la Catedral, el arzobispo de Valencia, monseñor Enrique Benavent Vidal, evitó la idealización. En su homilía, subrayó que la historia no es una línea recta de logros, sino un tejido de decisiones complejas. Jaume I conquistó Valencia en 1238, sí, pero también impuso un modelo de repoblación que excluyó a muchas comunidades musulmanas y judías que ya vivían allí.
Sin embargo, el arzobispo destacó su papel como artífice de la convivencia institucional: promovió las Furs de València (las primeras leyes escritas del reino), restauró la vida eclesial tras siglos de dominio almohade y sentó las bases de una identidad política propia. No se trata de celebrar su figura, sino de reconocer su peso en la construcción de lo que hoy llamamos Valencia.
El clamoreig resuena en medio de una crisis climática real
El acto tuvo lugar bajo un calor extremo, con asistentes abanicándose constantemente. Ese detalle no es anecdótico: el arzobispo vinculó explícitamente la memoria histórica con los desafíos actuales. Durante la homilía, pidió solidaridad con las personas afectadas por los incendios forestales que arrasaron zonas de Castellón y Alicante en las semanas previas.
Esta conexión no es retórica. La Unesco, al declarar el clamoreig patrimonio, exige que las tradiciones inmateriales no sean meros espectáculos, sino herramientas para reflexionar sobre el presente. En un contexto de emergencia climática y desigualdad territorial, recordar a Jaume I como fundador de una comunidad organizada cobra un nuevo sentido: nos invita a preguntarnos qué tipo de comunidad queremos construir hoy.
¿Qué dice la ley sobre la protección de estos ritos?
La Ley 4/2022 del Patrimonio Cultural Valenciano obliga a las administraciones a identificar, documentar y apoyar las prácticas inmateriales. Además, el Plan Estratégico de Patrimonio Inmaterial de la Generalitat (2023–2030) incluye al clamoreig como una de las 12 expresiones prioritarias para la transmisión intergeneracional. Esto implica financiación para talleres, grabaciones sonoras y formación de nuevos campaneros.
Lo esencial en 3 puntos
- El clamoreig es un toque ritual de campanas con más de 500 años de documentación continua, no una recreación moderna.
- Su recuperación en 2026 no celebra solo a Jaume I, sino que refuerza la identidad valenciana como memoria viva, no como reliquia estática.
- La tradición está protegida por ley y vinculada a retos actuales: desde la justicia climática hasta la transmisión intergeneracional del patrimonio.
