Hace un año, en un club de golf escocés, Ursula von der Leyen y Donald Trump firmaron un acuerdo comercial que parecía detener una escalada arancelaria global. Hoy, ese pacto sigue vigente, pero ya no garantiza tranquilidad: los aranceles siguen presentes, los precios se ajustan y sectores como el automovilístico sufren caídas reales. Este acuerdo no es solo papel burocrático: afecta a los precios de los coches que compras, a los empleos en fábricas europeas y a la competitividad de empresas que exportan a Estados Unidos.
El acuerdo no es una tregua, sino un nuevo marco regulador
El pacto firmado en julio de 2025 no eliminó los aranceles, sino que los codificó y limitó. Estados Unidos aceptó mantener un arancel máximo del 15% sobre productos europeos, siempre que la UE cumpliera tres compromisos clave: aumentar sus inversiones estratégicas, incrementar sus compras de bienes estadounidenses, y reducir sus propios aranceles a productos norteamericanos.
Esto no es una concesión unilateral: es un intercambio con reglas claras y consecuencias medibles. La UE no pagó una multa ni aceptó condiciones abiertas: negoció un techo arancelario predecible, lo que permite a las empresas planificar con mayor certeza.
¿Qué cambió en los números reales?
En 2025, el comercio bilateral alcanzó los 1,8 billones de euros, un 4,5% más que en 2024. Eso suena positivo, pero hay matices importantes:
- El superávit comercial de la UE (lo que vende más de lo que compra) bajó del 1,3% al 1%, lo que equivale a 20.000 millones de euros menos.
- Las exportaciones de bienes europeos a EE.UU. crecieron, pero las de automóviles cayeron significativamente.
- En servicios, las importaciones europeas desde EE.UU. subieron un 8,1%, lo que refleja mayor dependencia de software, licencias y consultoría norteamericanas.
Los aranceles siguen costando 31.000 millones de euros al año
Aunque el acuerdo evitó una escalada mayor, los exportadores europeos siguen pagando 31.000 millones de euros anuales en aranceles adicionales. Ese dinero no desaparece: se traslada, en parte, a los precios finales o se absorbe con menores márgenes. Para una pyme que vende maquinaria a Ohio, eso puede significar menos inversión en I+D o menos contrataciones.
Este costo no es uniforme. Sectores con alta intensidad arancelaria —como el automóvil, el acero o ciertos productos agroalimentarios— soportan una presión mucho mayor. En cambio, sectores de servicios digitales o farmacéuticos, menos afectados por aranceles físicos, han mantenido su dinamismo.
¿Por qué los coches europeos venden menos en EE.UU.?
Los aranceles no son el único factor, pero sí el más visible. Aunque el techo es del 15%, muchos vehículos entran bajo categorías con gravámenes específicos. Además, las normas de etiquetado energético, emisiones y origen de componentes (como las exigencias de la Ley de Reducción de la Inflación estadounidense) actúan como barreras no arancelarias. Es decir: no es solo el impuesto, sino también la burocracia y los requisitos técnicos lo que frena el acceso.
La estabilidad es relativa, pero real para los exportadores
Bruselas insiste en que el acuerdo ha aportado previsibilidad, no inmunidad. Antes del pacto, las empresas vivían bajo la amenaza constante de nuevos aranceles sorpresa. Ahora, conocen el límite: 15% como máximo, y saben que cualquier cambio requiere justificación y diálogo previo.
Esa estabilidad permite tomar decisiones de largo plazo: abrir oficinas en Dallas, firmar contratos de cinco años con distribuidores de Florida o lanzar campañas de marketing en inglés con presupuesto fijo. Sin ese marco, muchas pymes simplemente se habrían retirado del mercado estadounidense.
¿Qué dice la ley europea al respecto?
El acuerdo se aplica dentro del marco del Reglamento (UE) 2023/2932, que otorga a la Comisión poderes para responder a medidas comerciales unilaterales. Además, la UE cuenta con el Mecanismo de Defensa Comercial, que permite imponer contramedidas si se demuestra daño grave a la industria local. En 2025, se activaron investigaciones sobre acero y aluminio, aunque no se aplicaron sanciones masivas gracias al acuerdo.
Lo esencial en 3 puntos
- El acuerdo UE-EE.UU. de 2025 no eliminó los aranceles, sino que los limitó al 15% máximo, a cambio de mayores compras e inversiones europeas.
- Aunque el comercio global creció un 4,5%, el sector del automóvil sufrió caídas reales y los exportadores europeos siguen pagando 31.000 millones de euros anuales en aranceles.
- La principal ventaja práctica es la previsibilidad: las empresas pueden planificar con un techo arancelario conocido, lo que reduce el riesgo y favorece la inversión en el mercado estadounidense.
