El Mundial de Fútbol 2026, que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá, se encuentra en el centro de una controversia política que podría afectar su desarrollo. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha manifestado su intención de retirar sedes del torneo en ciudades gobernadas por demócratas, lo que ha generado un clima de incertidumbre a menos de siete meses del inicio del evento. Esta situación ha puesto de relieve la relación entre el mandatario y la FIFA, así como las implicaciones económicas y logísticas que conlleva.
La amenaza de Trump se centra en ocho de las once sedes estadounidenses, que incluyen ciudades como Seattle, Los Ángeles, Boston y Filadelfia. Estas localidades, que representan el 73% de las ciudades anfitrionas en EE.UU., están bajo la administración de alcaldes demócratas o progresistas. La advertencia de Trump de trasladar partidos a otras ciudades si se perciben problemas de seguridad ha sido recibida con cautela por parte de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, quien ha enfatizado que la seguridad es la prioridad número uno, pero sin comprometerse a realizar cambios de sede.
### La Relación entre Trump e Infantino
Desde que se adjudicó la organización conjunta del Mundial 2026 en 2018, Trump e Infantino han cultivado una relación estratégica. Infantino fue uno de los pocos dirigentes deportivos presentes en la investidura de Trump, y el presidente estadounidense ha elogiado al líder de la FIFA como «probablemente el hombre más respetado en el mundo del deporte». Esta cercanía ha permitido a Trump ejercer un control significativo sobre el torneo, estableciendo un grupo de trabajo presidencial para supervisar su organización.
La influencia de Trump se hace evidente en su capacidad para amenazar con la reubicación de partidos, lo que podría tener repercusiones económicas significativas. Se estima que el Mundial 2026 generará más de 30.000 millones de dólares en impacto económico para Estados Unidos, creando entre 200.000 y 300.000 empleos temporales. Esta cifra convierte al torneo en un elemento central de la agenda presidencial de Trump, quien lo ha vinculado con la celebración del 250 aniversario de la independencia estadounidense.
Sin embargo, la respuesta de la FIFA ha sido contradictoria. Mientras Infantino mantiene un silencio estratégico, el vicepresidente de la FIFA, Victor Montagliani, ha afirmado que el torneo es de la FIFA y que las decisiones sobre sedes son competencia del organismo. Esta declaración, aunque firme, no refleja la realidad del poder que Trump ejerce sobre la organización del evento.
### Implicaciones de la Amenaza de Trump
La amenaza de Trump de retirar sedes del Mundial plantea serias dudas sobre la viabilidad del evento. La infraestructura necesaria, los contratos con proveedores y la venta de entradas asignadas a estadios específicos son solo algunos de los obstáculos logísticos que complicarían cualquier cambio de sede. Aunque Miami y Dallas, que tienen gobiernos republicanos, podrían absorber partidos reasignados, la magnitud de tal reorganización sería sin precedentes.
Además, el sorteo del Mundial, programado para el 5 de diciembre, intensificará la presión sobre la FIFA. Con los grupos definidos y el calendario establecido, cualquier modificación posterior complicaría exponencialmente la organización. Trump parece ser consciente de este calendario, utilizando sus amenazas para maximizar su influencia justo antes del sorteo.
La situación se complica aún más con la introducción del FIFA PASS, un programa que facilitará los trámites de visado para entre 5 y 10 millones de aficionados extranjeros con entradas. Este enfoque dual de Trump, que combina apertura hacia visitantes internacionales con coerción hacia ciudades que considera hostiles, refleja una estrategia política compleja que podría tener repercusiones en la percepción pública del torneo.
La politización del Mundial 2026 es evidente, y la relación entre Trump e Infantino ha desplazado el equilibrio de poder tradicionalmente favorable a la FIFA. Mientras el organismo proclama la independencia del deporte respecto a los gobiernos, la realidad muestra una dependencia donde Infantino evita confrontar al mandatario estadounidense, incluso cuando sus amenazas desafían la autoridad formal de la FIFA.
El Mundial 2026 se perfila como el más politizado de la historia reciente, con la mitad de las sedes bajo amenaza explícita del presidente. La próxima semana será crucial para determinar si las amenazas de Trump se concretan o si permanecen como una estrategia de presión política. La comunidad futbolística observa con atención cómo se desarrollan estos acontecimientos, conscientes de que el futuro del torneo podría depender de la relación entre el deporte y la política.
